Mitsuko
























Mitsuko veía cómo se resbalaban las gotas de agua al tocar el cristal. El sonido inconfundible de los autos sobre el asfalto mojado, la hacía confundir, llevándola a lugares de su infancia, allá en tierras lejanas de una Europa de ensueño. Algunos le llamaban deja vu, otros, solo cosas de la imaginación. Resopló, y el cristal se empañó como recordándole que aún estaba ahí. Mitsuko comenzó a evocar con dificultad aquellos días. La brisa meciendo los campos de girasoles por un lado, y por otro las plantas secas. Era un contraste demasiado raro como para no detenerse a pensar, pero solo eran recuerdos de infancia, así lo creía, y claro, de nuevo la lluvia. Notó que sin darse cuenta estaba llorando otra vez. No sabía por qué llorada, ni sabía qué la calmaba. Pensaba que las lágrimas eran como las gotas de lluvia acumuladas en las nubes, pero, qué sabía ella sobre la naturaleza. En su mano asía una enorme llave oxidada. Qué puerta abriría con ella. Se sentía frustrada al ver los carros moviéndose con libertad en las calles de Osaka, y ella, ella no. La lluvia, los girasoles, la sequía, la llave. Instantáneas que se resbalaban en el cristal de su mente dejando la huella clara del recuerdo y la desesperación.
     Mitsuko, Mitsuko la internacional, Mitsuko la loca.




Ysaías Núñez
Barcelona, 3 de julio de 2009 

3 comentarios:

Renán dijo...

hablar de Europa y ver girasoles y plantas secas hacen que los recuerdos de infancia permanezcan en la melancolía de vivir en un mundo de soledad, pueblo, y lluvia.
El final como si, por el costado nos incrustara una daga mortal.
excelente
saludos
Martín

Jorge Ampuero dijo...

Una prosa degustable.

Saludos.

Marcelo Sosa Guridi dijo...

Muy bueno! Un abrazo grande desde el sur, donde también la lluvia moja.