Amnesia





                                                                    Moscú, 23 de Abril de 1943

Señor Popov:

     Antes que nada reciba un cordial saludo desde las frías tierras de Moscú, las cuales, espero las recuerde como ninguna otra. Yo, al menos recuerdo sus tibios brazos en torno a mí y su pecho contra mi espalda.
      No le estoy escribiendo para contarle sobre las atrocidades de las que fui testigo hace un año, cuando la nieve fue vestida de rojo por la sangre de mis compañeros, no, y espero no tocar ese tema nunca más, aunque le digo, de vez en cuando me asaltan esos recuerdos que se niegan a ir. Pero le he dicho que al menos recuerdo sus caricias, éstas, en cambio se han ido diluyendo en el tiempo. Antes no podía soportar la idea de estar un día sin usted, y me la pasaba escribiendo su nombre en la nieve, y no sabe el placer que sentía.
      Mas usted ha decidido alejarse, y por lo visto no hay dios que lo haga regresar. Es verdad que le prometí no escribirle más, pero al menos déjeme comunicarle mis progresos, de que ya son tres semanas sin escribirle una palabra, y de que esta carta constituye un descanso, porque al igual que usted, señor, soy una persona.
      Leyendo unos libritos me topé con una palabra que me llamó la atención: Amnesia. Supongo que usted, como hombre ilustrado ha de conocerla, y que también sabrá perdonar mi ignorancia. La encontré en un poema escrito por Iván Smirnov decía uno de sus versos:

El pasado acelerará el pulso del reloj
Su péndulo, cansado de ese vaivén sin sentido,
Gritará al son del tictac los recuerdos de la amnesia.

        Y ha sido el pasado quien ha ido consumiéndose, es como la pólvora, esa que cientos de veces vi explotar. Cito sin querer a la guerra, pero, ¿cómo no hacerlo cuando ésta sin querer es parte de mi vida? Como usted mismo.
       Hemos escuchado que el que se ausenta por mucho tiempo dentro de poco deja de hacer falta, y me asusta pensar en eso porque de alguna manera ya sé que es así.
       Ya lo ve, he comenzado con tres semanas, luego serán seis, después un año, dos años, y seguro le lleguen noticias de mí, las más relevantes, cuando me case, quizá, cuando dé a luz a mi primer hijo, tal vez, y cuando muera, seguro. 
      Sin embargo, ¿quién tiene la certeza de que las cosas pasarán así? Sólo el Señor que nos mira desde allá arriba, sabe lo que pasará. 
     Cabe la posibilidad de que los recuerdos, los nuestros, sean congelados por la nieve, engullidos por sus fauces. Espero que mi carta, no sea nota amarga en su día, ni en los venideros. Comprenda que le he escrito por esa inquietante palabra, que todo lo envuelve, y que cuando sea abrazado usted por ella, la recuerde, y no se asuste.




                                                                                                                                Tuya, Irina.  












Ysaías Núñez
Derecho Reservado

4 comentarios:

Marcelo Sosa Guridi dijo...

Muy bueno!

Ysaías Núñez dijo...

Gracias, señor Sosa.
Un gusto saber que se ha tomado un poco de su tiempo para leerme.

.Marius. dijo...

Sincero, sencillo y verdadero, te felicito amigo. Ya sé que las comparaciones no son buenas, pero es el estilo de Herman Hesse, mi escritor favorito. No es lo mismo pero tiene el mismo sabor, a lucha y ausencia asumida.

Ysaías Núñez dijo...

Mi Marius, muchas gracias por regalarme un poco de tu tiempo.
;)