De la risa al llanto cubano



Hace unos años, cuando Venezuela recién importaba médicos cubanos, me contó una amiga que ella y su familia salieron con uno a comprar, para que fuese conociendo la cuidad. Al contrario de lo que nosotros podríamos esperar, él no pidió que lo llevaran a las playas, seguro porque playas tienen, o a un centro comercial, sino a un supermercado. Al señor casi se le salían los ojos ante la abundancia de alimentos, cosméticos, artículos para el hogar, y que cuando llegaron al stand de las frutas, al ver las patillas y melones rompió en llanto, que las olía y las abrazaba como si de un familiar querido se tratase, entre lágrimas repetía esto no se ve allá. En aquel entonces, nosotros nos reímos ante la “absurda” idea de llorar por unos melones y en pleno centro comercial. Eran cosas que la mente de unos adolescentes, como la nuestra, no podría creer ni vislumbrar que años después esta situación se estaría repitiendo en nuestro país y peor. No sé qué dirá ahora ese señor cubano al ver desde allá cómo estamos, si aún sigue llorando de alegría amarga, que hasta en eso un Gobierno puede contradecir las alegrías, o si la escasez que abunda en los supermercados le haga dar gracias a la vida por ya no estar en Venezuela, por no estar en una cola para comprar leche o papel higiénico en un país ajeno, como si en el suyo no fuese suficiente. Eso de andar peleándose por unos rollos de papel sí es para reírse hasta saltar las lágrimas, y a nosotros nos queda llorar por una Venezuela que cada vez se parece más a Cuba, y Cuba (dentro de lo que puede) a la Venezuela de antes.

Ysaías Núñez 



Foto: http://www.reportero24.com/wp-content/uploads/2013/07/En-Venezuela-amas-de-casas-pierden-hasta-15-d%C3%ADas-para-comprar-alimentos.jpg